viernes, julio 17, 2009

Eterna melancolía sexual

PARA QUÉ ME PREGUNTÁS

¿Para qué me preguntas si aún te quiero? ¿precisás que lo confirme ante escribano?
¿que lo firme, que le ponga cuatro sellos, una flor y un anillo en cada dedo de la mano?
¿Para qué me preguntas si aún te quiero? La respuesta la sabemos de hace rato,
si te celo con tu viejo, con tu amiga y el señor que pasó y que te miraba de costado.
A lo mejor querés que escuche todo el barrio, que yo le cuente de mi amor al mundo entero
y te regale en cada nuevo aniversario un pasacalle donde diga "yo te quiero".
A lo mejor querés avisos en el diario, que salte desde la heladera hasta el ropero,
que dé tres vueltas y aterrice desarmado y antes de desmayarme grite "yo te quiero".
¿Para qué me preguntas si aún te quiero? ¿precisás que te lo jure veinte veces
por mi madre, por mi padre, por mi tía, por el gol que le hizo Maradona a los ingleses?
¿Para qué me preguntas si aún te quiero? ¿para qué me rompés tanto la paciencia?
¿para qué si te demuestro que me quedo junto a vos exclusivamente por la conveniencia?
Y me convienen las acciones de tus manos y el interés mensual que rinde tu deseo
y el plazo fijo que en el corazón me guardo para cobrarlo cada noche de tus besos.
Y me conviene hacerme multimillonario de tu palabra, de tu alma, de tu cuerpo,
con todo eso te parece necesario que te repita una vez más cuánto te quiero...

(Ignacio Copani)

La vida es básicamente un misterio.

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martes, julio 14, 2009

Paris Hilton

Podría contar la historia del pobre hombre que no podía follarse a una puta.

A las putas hay que follárselas, no servirles de psicoanalista, le dice Espinoza a Pelletier, cuando éste le habla de una puta que ha conocido y con la que ha intimado, Vanessa. Eso ocurre en la página 115 de 2666, de Roberto Bolaño, Anagrama, 2009.

¿Cuánto tarda una mujer en morirse de un disparo en la cabeza? Pues unas siete u ocho horas, depende de lo que tarde la bala en encontrar el cerebro.

--Chaval, déjate de tonterías y búscate a una colegiala sexualmente activa, olvídate ya de esa diablesa..., esa tía satánica...

--¿Una de quince años o así?

--De quince, de catorce o mejor de trece, cuanto más joven más dócil y atontada, pero búscala. Y ahora déjame en paz.

--Me volverán a hacer la pirula.

--Eso ya es asunto tuyo, es tu problema. Desde luego, no le entres con que si le gusta el jazz y bla bla bla, porque a esa edad estúpida a nadie le gusta el jazz, como mucho puede que escuche a Mozart, si tiene una cierta sensibilidad. Ve poco a poco, mientras te la chupa, que eso es lo que mejor sabrá hacer. Luego ya habrá tiempo para lo demás, la metafísica y los culos de los gatos albinos. Tú tranquilo, que si la chavala es buena, no te dejará por cualquier niñato que no sabe ni limpiarse el culo.

--No sé, no sé, estoy un poco tembloroso, estas chavalas de ahora tienen piercings en la lengua y están llenas de tatuajes satánicos y..., que no, que mejor me aguanto y espero a una treinteañera que tenga experiencia.

--Las treinteañeras sí que son un asco. Las veinteañeras son todas guarrillas, porque están en la edad, pero las que pasan de los treinta sólo se acercan a un hombre cuando huelen la cartera, nada más. Así que tú sabrás. Pero sobre todo, nada de jazz...

¿En cuántas partes se divide el cerebro de una mujer? ¡Pues depende, valedores! ¿Depende de qué, González? Depende de lo duro que le pegues.

Y llega un martes en la vida, un martes triste y solitario, nublado en el cielo y en el alma, que ya no hay más canciones de amor, sólo baladas hechas trizas, un sol baldío, un coche despanzurrado, un incendio menor en la cocina, en el patio trasero las macetas se han marchitado, suena Susanne Abbuehl y por fin hay un rayito de sol, pero es tan tibio, y luego este argentino de hace muchos muchos años, para qué querés saber si aún te quiero..., y uno se derrumba, uno cae y cae y no se cansa nunca de caer y es como la noche más negra de invierno, cuando no hay luces, y la pareja de amantes en el bosque de Gerhrad Richter se desvanece, como la vida pobre del pobre idiota.

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lunes, junio 15, 2009

Adiós a la literatura

Así como Cioran escribió su Adiós a la filosofía, yo estoy pensando en escribir un breve ensayo titulado Adiós a la literatura. Si el cine ya murió, la literatura es un cadáver, o un zombi más bien, porque es un muerto viviente, alguien que se mueve a trancas y barrancas por los cenagosos pantanos del mercado en donde sólo cotizan novelas históricas, la dichosa novela negra escandinava o títulos "graciosos" con los que se podría escribir un buen chiste, si acaso. Le Clézio ha ganado el Nobel, pero no vende, dice su editor. Sebald está muerto, Bolaño está muerto, Coetzee ahí va... Al surafricano no le interesa tampoco mucho la ficción, y a quién le puede interesar ya, cuando ha sido copada por historias banales, en este tiempo poshistórico en donde todos los sacos están podridos, y todo vale. Para qué leer ya. Mejor ponerse, de una vez y en serio, con esos libros de ensayo, como el fascinante bestseller Warped Passages: Unraveling the Mysteries of the Universe's Hidden Dimensions, de Lisa Randall, que se puede encontrar en dos editoriales inglesas, y sobre el que Hèctor Parra ha creado una ópera llamada Hypermusic Prologue. An projective opera in seven planes, en la que ha colaborado intensamente la propia autora.

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jueves, junio 11, 2009

Todo fluye

El jazz es como un pájaro que migra, Rayuela, capítulo 17, parte final; Cortázar se compra una trompeta para tocar como Clifford Brown, pero no lo consigue. Qué se escuchaba en otros siglos, me pregunto en la noche, qué corazón latía cuando no había blues... ¿Le gustaría a Cortázar Uri Caine, John Zorn, Ralph Alessi, Dave Douglas, la voz emocionante de Susanne Abbuehl? Yes, is a pleasant country...

yes is a pleasant country:
if's wintry
(my lovely)
let's open the year

both is the very weather
(not either)
my treasure,
when violets appear

love is a deeper season
than reason;
my sweet one
(and april's where we're)


e.e. cummings

Y me acuerdo de ti, de aquellos días ya idos del todo, cuando todo era más sencillo y no había internet y tal vez incluso, no lo sé bien, no había democracia, pero jugábamos sobre la alta hierba y éramos príncipes de un pequeño reino junto al mar, y las flores nos susurraban su nombre, todo más sencillo, los trenes de juguete, los barcos de vapor, las casas que se internaban en lugares imposibles, cajas de cerillas mojadas que escondían un secreto, el rumor de las olas y las cañas que trajo la tormenta, la sangre de otro poeta muerto, el barranco tenía el secreto, los dedos manchados de moras...

Me pregunto, mientras suena Monk, alrededor de la medianoche, o es abril en París, ya no sé, me pregunto si aún es tarde, para rescatar este cariño, decir amor es apelar a las palabras de adultos, que no conocemos, decir por ejemplo ven duerme esta noche conmigo, un día en que no haya que levantarse temprano porque no hay más días y noches, sólo un frescor infinito, los árboles que menea el viento, una película de Godard en el iMac, los vasos fríos por el hielo, un Ribera del Duero ya vacío, y todo ese silencio que desea ser roto, ven, permanece, pero es imposible...

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jueves, mayo 21, 2009

Ritos de paso

Algunas pierden la virginidad en una discoteca, otros la pierden en una masía...

P.D. Ahora estoy leyendo otra vez a Sloterdijk.

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lunes, mayo 18, 2009

Antipop

Los libros para todos son siempre libros que huelen mal: el olor de las gentes pequeñas se adhiere a ellos. En los lugares donde el pueblo come y bebe, e incluso donde rinde veneración, suele heder. No debemos entrar en iglesias si queremos respirar aire puro.
(F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal, El espíritu libre, # 30).

Es lo que decía Javier Marías en un artículo reciente, que ha podido caer en bajezas de mal gusto (de gusto vulgar) menos en literatura, ahí no se rinde a los títulos de moda, y juega con los títulos de varios.

Habría que cambiar "iglesias" por "centros comerciales", y la cita sigue siendo válida.

Matthew Shipp tampoco es el típico pianista de jazz, ataca los clásicos con la misma aspereza que un pianista que aborda una obra de Stockhausen o Boulez, por momentos parece que escucháramos Klavierstücke IX, pero el tema se llama Angel Eyes, o bien es East Broadway Run Down, y uno piensa que no todo está inventado...

Derek Bailey también conoce algunas baladas, pero no reconocemos la melodía...

Brad Mehldau en el Village Vanguard con su trío de entonces, ahí sí que nos recuerda a la tradición...

Y luego Bill Evans en el Birdland, en marzo-abril de 1960..., el presentador dice los nombres, en el Village se escucha el tintinear de los vasos, murmullo, luego se apaga, y del otro lado, alguien susurra un nombre de mujer, pero ya no existe.

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jueves, mayo 14, 2009

Embrujo (II)

Hay un embrujo en Facebook, algo que te hace adicto a esa red, aunque haya quejas por su intromisión en la privacidad de la gente, pero a fin de cuentas, somos los usuarios los que podemos decidir lo que queremos dar y lo que no. Leí este artículo de Elvira Lindo antes de entrar en Facebook, y la verdad es que es lo mejor de Internet en estos momentos. La blogosfera ya no es lo que era... Del autismo a los salones repletos de gente. El ¡Hola! de la masa, pues vale.

Y en la parte de atrás de esa caseta de chapa en donde los ángeles malagueños de la noche tienden una mano a los que viven en la calle, alguien ha garabateado:

ESTEFANÍA
PIJA KOMEPOLLAS
NO VENGAS +

En otro muro, alguien ha pintado:

ABAJO TUENTI
NO A LAS REDES DE CONTROL

(quiero hacer una foto)

Y llega la noche víspera de San Isidro, la gente se prepara para la romería de mañana. Hay ruidos que no sé descifrar. Mujeres con un misterio raro. Art Zoyd, Berlin, un disco más raro todavía. No puedes llegar de golpe y pretender que ya lo sabes todo. Cuenta, anda. Sentado, las tres de la tarde, Bruce Chatwin perdido en la Patagonia, ¿tienes hora?

Lo peor es descubrir que cumplir años es ir desgastándose, lenta, inexorablemente. Ya no sabe la cerveza igual que aquel primer trago de cerveza. Ya no huelen las rosas como antes. Las hormigas, el agua de una acequia, ya no te hipnotizan. Te vas muriendo lentamente. Los placeres adultos no relajan, cansan. Todo es con dinero, el dinero apesta. Las mujeres pierden atractivo, cuando has visto películas porno, todas lo hacen igual, ¡si al menos se pudiera follar con una de otro planeta! Y los muertos rondan, con ese ansia habitual, porque no pueden soportar a los vivos. Kafka ya lo sabía, el medio espectro.

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